nunca es bastante

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Ese día había caminado alrededor de 7 horas buscando un buen hotel dónde por fin poder dormir. Cuando llegué, el sol andaba aún oculto. Yo iba con la barba descuidada queriendo apoderarse de la mitad de mi cara. Ojeroso. Desaliñado. Cansado y sobre todo hambriento. Los hoteles estaban todos llenos. Todos. Sin embargo, después de mucha insistencia y de las largas horas de trajín, logré instalarme en uno muy cerca al centro de todo. La ducha, la ropa limpia, los desodorantes, los perfumes y la cama. Las dos horas que me entregué por completo a ese colchón y la almohada, fueron suficientes para reincorporarme del maltrato físico de tan extrema caminata.
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Supe desde que llegué, muy de madrugada, que las horas que me quedaban por delante, serían literalmente imborrables. No me equivoqué en un solo vocablo de aquella suposición. Fue todo mejor de lo que pensé.
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Cuando ella llegó, la recordaba tal cual. Aunque valgan verdades, estaba más guapa aún que la última imagen que me envió. No dimos espacio a más nada que a un profundo abrazo fortísimo de unos cinco minutos seguido de un beso de media hora en medio de una plaza llena de gente que desapareció al mismo tiempo en que ambos juntamos nuestras respiraciones. Nuestras voces se escuchaban distintas. Yo recordaba meses atrás, un Blues alucinante en inglés que disparaba su garganta, ahora su voz era mejor. Ella recordada en mi voz tímida, el dictado de mil nombres que pronunciaba mirando a la nada. Después de devorarnos la boca, hicimos lo mismo con los ojos para que luego sigan nuestras manos. El perfume de su cuello, conjugaba de manera exacta al sabor de sus besos y al ritmo de su cintura que era invadida por unas manos que no la querían soltar más. Nos habíamos hecho el amor en aquella plaza con ese beso de media hora. Luego nos hicimos el amor con el resto de nuestros cuerpos y durante las siguientes 23 horas y media que le sumaban al beso de nuestro encuentro. Hace mucho una mujer no hacía que los nervios se instalen en mi. Pero esa tarde/noche/madrugada lo estaba y por mucho. Estaba vivo. Y ella más aún. Yo había penetrado no sólo su cuerpo, sino su alma entera, lo noté en sus ojos brillantes y en sus susurros a mi oído. Ella hizo lo propio desde su “hola” en la plaza. Hizo más con sólo su presencia que yo morfándome su piel. Mi esfuerzo en esas maratónicas noches, se retrataban en sus mejillas que enrojecían cada vez que el amor se mostraba en su forma cóncava y convexa una y otra vez. Pero cuando algo es bueno, siempre te quedan las ganas de más.
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Hoy pensaba en esa última vez que hice el amor. Cuando pensaba en aquello, sólo pensaba en el tiempo. En momentos así, el tiempo nunca es bastante.
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las pecas de tu espalda

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Las actitudes van determinando una estructura que van acoplándose a la personalidad que algunos decidimos construir. Ser callado o bullicioso, esmerado, flojo, severo, gracioso, etc. Miles de adjetivos que adoptamos como seudónimo de propietariedad para ser distinguidos entre la masa. Sin embargo algo más valioso aún que por suerte he podido notar, es saber descubrir nuestras aptitudes en el momento correcto, ese plus con lo que operamos competentemente alguna actividad específica, nuestra capacidad y disposición para el buen desempeño sobre aquella misma actividad. Creo que es justamente donde radica la satisfacción que tengo al levantarme de la cama todos los días.
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Algunos lectores saben que mi vida se formó durante más años de los pensados en una facultad de arte y que las formas, los colores y la composición de los elementos en el espacio, son la manera en la que mi vida se rige. Sin embargo, lo mío fue siempre observar. Observar lo que nadie observa te da cierta ventaja en relación a lo mismo que sabes escuchar antes que oír. Creo también que no hay mejor situación ante los ojos que lo implícito antes que lo explicito. Por eso, desde muy niño, disfrutaba de ver en la oscuridad.
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Por eso, cuando mi índice derecho seguía tu frente hasta tus rojas mejillas, lo hacía porque indiscutiblemente la luz del sol sobre aquella añeja plaza, colmaba de inercia todos mis impulsos. Cuando mi nariz buscaba la tuya, era porque la tarde y el leve frío que asomaba sendos rostros, hacían notar que juntando nuestras respiraciones por minúsculos centímetros y pequeños espasmos de cuartos de segundos, calentáramos un poco más nuestras ganas de ambos. Cuando devoraste mi boca a tu libre antojo, lo hiciste con los últimos rayos que el sol regala a los que esperan que se guarde tras el mar. Pero en la noche era yo el guía. No sólo era dueño de tu nuca y el aroma de tu cuello, sino que palmaba de memoria esas pecas de tu espalda, las que redibujaba una y otra vez en la oscuridad de nuestras cuatro paredes. No sólo fui propietario de tu cintura y tus manos, sino de tu cuerpo entero. En la oscuridad, esa negra oscuridad de diluvio y tormenta, hizo que te inventara lunares con mi boca, sólo como excusa para terminar enredado entre tus rubios cabellos que tejían mis sueños más profundos. Esa oscuridad me hizo ver que te podía recorrer sin brújula alguna.
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Lo mío fue siempre observar, más aún en la oscuridad.
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mozo!

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Al levantarme cada mañana y al mirarme al espejo mientras cepillo mis dientes, últimamente pienso: qué tan cerca estamos de ser quién queremos o hemos querido ser?
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Cuando era niño, a los 12 años, me pensaba a los 30 de manera distinta a mi actual presente, con hijos, con una casa en el campo y viajando por todos los rincones del mundo con una esposa ideal. Hoy no tengo ninguna de esas cosas, ni casa propia (de la que me jacte de haber comprado de mi bolsillo), ni hijos, ni he viajado aún por todos los rincones del mundo con ninguna esposa. No me quejo, al contrario, creo que hice más de lo que habría imaginado hacer. Pero a veces me resulta absurdo pensarnos en realidades distintas sin saber que los espasmos de sorpresas que nos depara la vida, pueden hacer más de lo que creemos en un instante que en una planificación de años.
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Ayer me encontré con Fito, uno de mis mejores amigos de infancia. La última vez que lo vi, hace dos años, llevaba con su novia Micaela unos doce años de perfecta relación, la más envidiable de la que haya visto y recordado hasta hoy. Los conocí a ambos antes que siquiera pensaran en darse un beso a los 14 años. Al par de horas de estar sentados y mientras las cervezas y los Piscos fluían, le pregunté: Y hombre? Cuándo te casas? A lo que respondió: Mientras el año pasado te perdiste en uno de tus viajes al Cuzco, me casé. Atiné a llamar al mozo y pedir una ronda más de Pisco a mi cuenta y brindé: Salud hermano! Dale mis felicitaciones a Micaela. A lo que nuevamente respondió, no, no, si no me casé con Micaela, sino con Rosita, su prima.
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catarsis en voz alta


Creo que las personas deben de ser como la arcilla, con un color definido, capaz de adoptar diferentes posturas siempre dentro de su capacidad natural. Ya que si tiene conexiones muy esbeltas, rígidas y secas, sin la sufiente proporción de humedad, corre el riesgo que de tanto ser manipulada puede agrietarse, quebrar y hasta adoptar una forma indefinida e irreconocible y así sirve de poco.
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Gracias a Fer
(lee el primer comentario)
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Las ausencias a veces son válidas, merecía un espacio propio, pero regresé con las pilas puestas a mil. En unos días me voy para Argentina a disfrutar de 15 días de esperadas vacaciones. Ya escribiré desde esos pagos.
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Gracias por los mensajes.
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Isra.
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Jem

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Sobre lo más alto de una montaña, a 1,300 metros de altura sobre un valle serrano rodeado de Puyas Raymondi, una mujer respiró profundamente, dio tres veloces zancadas y se arrojó al vacío.
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Dicen que la vida, al saberse extinta o al borde, traduce nuestro mejor resumen de vivencias en miles de escenas retratando momentos, personas y/o lugares almacenados en cajones ocultos y empolvados en algún lugar de nuestra memoria, que se abren caprichosamente para nunca más volver a cerrarse.
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En medio de la nada, tras 5 días de caminata, sola, con un diario y una mula a cuestas, Jem hacía uno de los viajes más alucinantes que nadie podría imaginar. Jem, atípica, rebelde y aventurera en la misma proporción que guapa, decidió renunciar al buen laburo que mantuvo durante cuatro años. Decidió que en su primera semana de libertad escribiría sendas cartas a los amigos más entrañables. Decidió también, regalar el noventa por ciento de sus ropas y vender las gollerías tecnológicas que acumulaba luego de recibir sus pagos mensuales. Decidió además que buscaría, en su guía de viajero, lugares de increíbles vistas y hacer una lista de locuras que nunca pudo realizar o por falta de tiempo o por falta de ganas.
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Cierto tiempo atrás, luego de sus descontinuadas visitas al médico a Jem le daban sólo tres meses más de vida tras diagnosticarle un cáncer terminal. Sin embargo, mi querida Jem, vivió mucho más en esos tres meses que en sus tiernos 26 años.
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cantante por obligación

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Ponerse morado del dolor no fue el final de su dolorosa mala fortuna, sino más bien el principio de un par más de ellas.
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Felipe regresó al auto después de hacer algunas compras en la bodega de la esquina. Al abrir la cajuela del auto, miró con sorpresa que una de las puertas había sido forzada. El barrio de su querida niñez no había sido nunca tierra santa, pero no imaginó que siendo él parte de aquella barriada podría ser una víctima. Dejó las cosas dentro del auto y confirmó que la radio y sus parlantes nuevos no estaban más. Supuso entonces que el presunto ladrón debería estar aún cerca.
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Tres cuadras más abajo, tras su caminata apresurada, pudo visualizar a un adolescente jugando en el jardín de su casa. Felipe se detuvo y ordenó al muchacho que le llevara donde estaban su radio y parlantes, pero al no entender la razón de la orden, el muchacho se negó.
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Felipe entonces sacó un arma que albergaba detrás del cinturón que había conseguido a cambio de su perro. El muchacho adolescente, al ver el arma, echó a correr mientras que Felipe disparaba a diestra y siniestra, por suerte, sin atinar ningún tiro.
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Cuando lo perdió de vista, guardó el arma en el mismo lugar de donde lo sacó. Quizás durante el correteo el cinturón no quedó en el sitio inicial, puesto que ya no le ajustaba, quizás no fue el cinturón y fue la adrenalina o los nervios de la situación, el caso es que Felipe, esta vez, mientras guardaba el arma, por fin dio un tiro perfecto: justo en el testículo izquierdo. Al retorcerse de dolor, su tensión hizo que se aferrara más al arma y por inercia volvió a disparar, esta vez en el testículo que le quedaba.
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A sus veintitrés años Felipe se convirtió, sin querer, en uno de los mejores eunucos del coro de la iglesia de su barrio.
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nubes, cajones y el viejo sabio

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El viejo mueble de madera rodó como en cámara lenta por las extensas y estrechas escaleras desde el tercer piso, desprendiéndose las tablas y volando por los aires los cajones de madera que mi abuelo algún día construyó.
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Al yo nacer, mi abuelo decidió no sólo regalarme un gran mueble a manera de ropero con estilos medievales, franciscanos y de ruda apariencia -como si ya supiese desde mi primer llanto, que de mis preferencias y gustos, lo añejo sería siempre lo primero en la lista- sino que además este mueble fue concebido pacienzudamente para ser construido a mano, aún sin ser mi abuelo carpintero ni ebanista, sólo por el mero hecho de sentirse un abuelo orgulloso.
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En esa penúltima mudanza, vi esa escena pasar como una eternidad. Al desprenderse las maderas clavadas, observaba el rostro de mi abuelo en la mente, imaginando hacer el mueble, riendo y llorando emocionado por mi llegada al mundo. Vi sus horas, sus trasnochadas madrugadas y su enorme sonrisa. Ese viejo fue increíblemente inteligente y ese día terminé por comprobarlo aún más.
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Tras uno de los tablones que volaba por los aires, noté unos cartones apolillados que formaban una especie de carpeta aplanada adherida a la madera, de seguro con algún pegamento de hace 29 años. Levanté el tablón y desprendí los cartones, dentro había un trozo de papel que dictaba las siguientes líneas:
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“…Si algún día tienes un sueño donde corren los unicornios sobre nubes hechas de caramelo, donde los duendes se esconden bajo tu cama tratando de robar el diente que guardas tras la almohada y donde las hadas vuelan libres sin miedo a ser vistas, no te pellizques y sigue soñando, porque estaré ahí siempre para ti…”.

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inteligencia masculina vol. 1

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La inteligencia masculina es demasiado elemental; se rige por un conjunto de curvas que toda mujer posee en mayor o menor calidad/cantidad.
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Dependiendo de la calidad/cantidad de aquellas curvas, razona con mayor/menor prontitud.
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catarsis en voz alta

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A diferencia de la mujer, cuando un hombre dice NO, es que realmente quiere decir NO.
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alter ego

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Contradictoriamente dócil y fiera, acaricias tanto como flagelas. Tan reconfortante como asfixiante. Eres dos en una, coherente y loca, amiga y enemiga, inspiración y desgano, esposa y amante, precavida y arriesgada. Transpiras tentación así como inocencia. Eres todo y otras veces nada. Y otras veces nada.
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Esa eres tú mujer del mal, contradictoriamente del mal necesario.
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a mi go!

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Un ex novio/a es un AMIGO? o es un A MI GO!
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(interprétese, léase, compréndase como spanglish)
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a veces

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NUNCA JAMAS quiere decir TAL VEZ...
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a veces.
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catarsis en voz alta

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ERROR no es lo mismo que HORROR, aunque a veces se parecen
y no me refiero a lo gramatical.
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complejo de Da Vinci

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Mi filosofía de hombresolteroquevivesolo me ha enseñado a darle mejor uso a las cosas. Por ejemplo: obtengo una buena taza de cocoa caliente con 2 minutos en el microondas y con 8 un buen jean seco.
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catarsis en voz alta

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HORMONA MATA NEURONA
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